En busca de Rilke / Entrevista a Ted Huges // El Rilke objetivista / Petrarca: el imitador imitado // La última primavera de Horacio / Ella iba de pana azul / Ritmar (Rojas con Yepes) / Patroclo en Chinameca / Un lobo en la nieve // Poesía latinoamericana actual // Versiones de Dickinson, Mandelshtam y Raine // Críticas
Rilke sin fondo
[FRAGMENTO. Reseña completa en las páginas 223 a 229 del número 36 de Hablar de Poesía] (Mauricio Wiesenthal, Rainer Maria Rilke (El vidente y lo oculto). – Acantilado, 2016) Por Nahuel Lardies (…) “Poeta de lo indecible”, lo llamó Lou Andreas Salomé. “Vidente”, “sacerdote” son algunas de las demandas que tanto el marco narrativo como el mandato de Wiesenthal parecen imprimirle a Rilke. Corriendo un poco el eje, quizá Rilke sea un poeta de lo evidente, es decir de las cosas en cuanto arrancadas de una visión íntima y renovadas un su dimensión sensible, su estar ahí. Quizá esto sea un efecto febril de la lectura, dado que Rilke nos presenta las sensaciones y la experiencia de una manera tal que nos seduce por la manera en la que uno puede llegar a sentirse identificado; su escritura produce, cuando hay afinidad, una profunda empatía, porque su voz, aún traducida, reverbera en el cráneo y se confunde con las voz más propia. Cuando lo leemos, parecemos hablar. Por jugar un poco con las etimologías, ex videntem: ex como salir de la condición de-, y videns como quien no ha visto más que cuanto registro de su viaje por la búsqueda de un sentido interior, en las moradas arcanas de la memoria. Mnemosyne. Y todo este periplo empieza en la tensión entre la vida y el contacto. El Rilke que me parece más productivo es el que empieza desde lo ínfimo. Le escribe a la princesa Marie Von Thurn Und Taxis: “No analizamos nuestros problemas en...
La poesía después de...
[FRAGMENTO. Reseña completa en las páginas 215 a 218 del número 36 de Hablar de Poesía] (Diego Bentivegna: Geometría o angustia – Pre-Textos) Por Franco Bordino (…) Theodor Adorno sostuvo que era imposible volver a escribir poesía bella después de Auschwitz, que todo poema, a partir de entonces, para no ser una infamia, debía pagar algún tributo al horror; Giorgio Agamben, que los testimonios de sus sobrevivientes –próximo al mutismo, como consecuencia de las traumáticas vejaciones padecidas–, eran un modelo privilegiado de la experiencia vital y de la verdad. No sé si es una casualidad o algo deliberado, pero Geometría o angustia de Diego Bentivegna parece encarnar las ideas de estos renombrados filósofos. Las influencias literarias a veces se padecen y se resienten como un lastre, pero no creo que estas que señalo resulten antipáticas al autor del libro ni a sus potenciales lectores. Sólo por eso me permito señalarlas. Creo haber repetido, sin embargo, la paradoja de la Medicina, que para estudiar la vida, la disecciona y la destruye. Me remito por ello a la criatura en su estado natural, sin la contaminación de mi análisis; cito a modo de cierre, para el lector, un poema entero de Geometría o angustia: Para pasar el tiempo, la chica del Danubio dice poemas que la mujer no entiende. Los canta, más que recitarlos. Hay otro húngaro, alguien más bien retraído y silencioso, que, según se dice, es profesor de sánscrito; está...
Una apertura del sen...
[FRAGMENTO. Reseña completa en las páginas 215 a 218 del número 36 de Hablar de Poesía] (Mirta Rosenberg: Cuaderno de oficio – Bajo la luna, 2016) por Carlos Battilana Mirta Rosenberg incluye dos vocablos significativos en el título de este libro. Son términos que acuerdan con una concepción de escritura. El término “cuaderno”, por un lado, refiere aquel espacio donde se escribe de manera provisoria, un lugar tentativo sometido a tachaduras y correcciones, un borrador que aún no es la “versión definitiva”. El término “oficio”, por otro lado, alude a una tarea que más que estar sometida a los raptos espasmódicos de lo ocasional y las oscilaciones de una eventual inspiración, supone la constancia del artesanado. ¿Qué “oficio” refiere Mirta Rosenberg en el título? Describe dos: la escritura de poesía y la tarea de traducción. Ambas actividades, en este caso, se retroalimentan. “Conversos” es una sección que contiene fragmentos poéticos de Safo en las versiones de la canadiense Anne Carson, que a su vez son traducidas por la propia Mirta Rosenberg. Cuaderno de oficio parece formar parte de esa clase de libros que narran, luego de transitar un largo camino de avatares y tensiones, un sabio regreso a las tierras sosegadas del desengaño. No obstante, es exactamente al revés. Lo que se reivindica, como un tesoro inestimable, es la aventura de lo vital. Articulado en distintos registros (diario, relato, comentario, especulación,...
Kathleen Raine: Durm...
[FRAGMENTO. Artículo completa en las páginas 201 a 212 del número 36 de Hablar de Poesía] Nota preliminar y versiones de Miguel Ángel Montezanti En verdad, la poesía de Kathleen Raine habrá de reeditar el saber y la observación ejercitados en el terreno de las Ciencias Naturales. Pero lo trascendente es que Kathleen Raine se desencanta rápida y estrepitosamente del positivismo y cientificismo imperantes en su universidad y, en general, en Occidente. Este desencanto corre paralelo con una búsqueda espiritual incesante que la induce a viajar. El viaje es antes que nada un itinerario espiritual, que, de un modo u otro, se materializa en un recorrido por la India, término anhelado pero igualmente metafórico de ese itinerario del alma. El viajero Cien años he dormido bajo una espina hasta que el árbol fue raíz y ramas de mi pensamiento, hasta que los pétalos blancos florecieron en mi corona. Mil años he flotado en un lago hasta que mis ojos colmados pudieron retener la desparramada luz de la laguna y la nube ardiente. Es mía la mirada que conoce el brillo de los ojos, el asfódelo, la rosa silvestre. He visto el arco iris que se abre y el sol que se cierra, un viento que sopla sobre la tierra; he levantado templos de nieve, castillos de arena y los he dejado vacíos como una mano muerta. He nacido como alada efemérides con miríadas de ojos y alas parpadeantes que las llamas deben agostar o las aguas ahogar. Debo vivir, debo morir, soy...
Ósip Mandelshtam: «G...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 185 a 200 del número 36 de Hablar de Poesía] Nota preliminar y versiones de Lucas Brockenshire “El final de Tomá –desde mis palmas– para la alegría (escrito en tercetos endecasilábicos sin rima, con clara influencia de Dante) se articula en conformidad con una inversión similar de causa y efecto: Tomá, entonces –para la alegría– mi regalo salvaje: este collar reseco y deslucido de abejas muertas, que convirtieron la miel en sol. ¿Por qué las abejas transforman la miel en sol, y no el sol en miel? Es posible que la inversión de Dante haya resonado en Mandelshtam. Pero por otro lado, si leemos este poema en continuidad con otros, llegamos a la imagen –muy repetida en el joven Mandelshtam– del sol negro. El autor, consciente del cisma mundial aconteciendo en esos años, vuelca el “sol negro” sobre la figura clásica de Fedra, en quien, según Nadiezhda Mandelshtam, el poeta vio rasgos de la Madre Rusia contemporánea”. Tomá –desde mis palmas– para la alegría un poco de sol y otro poco de miel, como ordenaron las abejas de Perséfone. No se puede soltar un bote desprendido, ni escuchar una sombra calzada con pieles, ni uno sobreponerse –en esta vida espesa– al miedo. Solamente nos quedan nuestros besos hirsutos como abejas jóvenes que mueren al volar de la colmena. Susurran en las matas lúcidas de la noche, su país es el bosque espeso del Taigueto, su alimento – el...
Emily Dickinson: El ...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 171 a 184 del número 36 de Hablar de Poesía] Nota preliminar y versiones de Ricardo H. Herrera “La paz entendida como arte supone una tradición que la instaura como tal; en el caso de nuestra poeta (“Emperatriz del Calvario”) la filiación de esa tradición es cristiana. No es el suyo por lo tanto un programa pacifista nacido de la coyuntura histórica, sino la reformulación de un método tradicional, que estructura una poética profundamente vivida, en la que la experiencia estética halla su fundamento en la purificación de las pasiones y en la captación de imágenes naturales que renueven la agotada fuerza psíquica”. 1072 (ca. 1862) ¡Título divino – el mío! ¡La Esposa – sin el Símbolo! Alto Grado – a mí conferido – ¡Emperatriz del Calvario! ¡Real – pero sin Corona! Prometida – pero sin vahídos Dios nos manda a nosotras las Mujeres – Mientras tú – almacenas – Púrpura sobre Púrpura – Oro – sobre Oro – Nacida – Casada – Inhumada – En un Día – Una triple Victoria – Dicen las mujeres – “Mi marido” – Acariciando la Melodía – ¿Es este – el estilo? 1072 Title divine – is mine! / The Wife – without the Sign! / Acute Degree – conferred on me – / Empress of Calvary / Betrothed – without the swoon / God sends us Women – / When you – hold – Garnet to Garnet – / Gold – to Gold – / Born – Bridalled – Shrouded –...
Como un río sin bord...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 165 a 168 del número 36 de Hablar de Poesía] por Pablo Seguí Pablo Seguí nació en Córdoba en 1973. Publicó Los nombres de la amada (1999); Claves y armaduras (2005); Naturaleza muerta (2011) y Otro verano y éste (2017). Pero cada día en inmenso Dentro de algunos meses, cuando el frío cortante haga que nos guardemos debajo de una colcha y asomemos tan solo la nariz por las noches, ¿sabremos describir este agobio? Las dos y vos, con esa franja de sábana que apenas te cubre, deslumbrás en la penumbra. Puro cuerpo el de los veranos. [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 165 a 168 del número 36 de Hablar de...
Montaña en el mar y ...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 161 a 164 del número 36 de Hablar de Poesía] por Javier Foguet Javier Foguet nació en Tucumán en 1977. Publicó La tumba de los viajes (Ediciones del Copista, Córdoba, 2006) y El humor de la luz (Huesos de jibia, Bs. As., 2009). Montaña en el mar Para siempre tendré contigo este coloquio. ¿Qué tiempo me sustraje al hambre de paisaje? Ya me gusta el olor de la hierba, el color futuro de tu pelo. He entendido que quiero solo la poesía donde no sé llegar. La montaña en el mar. Adoro todavía tu voz cuando comienza la canción. De qué modo en ella me abandono! También cuando termina me ha perdido su tono, su trazo en la neblina. (Ahora llueve en el cerro. Puede haber azucenas, no lo sé, yerbabuena, berro junto al arroyo; entrecierro los ojos en el bosque de hierbas. Siento tus pies abrirse camino en el rocío: la lluvia toca todo lo que quiero tocar…). Es que no hay nada más lejano que tu música o el olor de estas rústicas ramas… Esa es la trama de nuestra silenciosa coversación. La cosa perdida vuelta a hallar. La montaña en el mar. [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 161 a 164 del número 36 de Hablar de...
Pachamama y otros po...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 155 a 160 del número 36 de Hablar de Poesía] por Paula Jiménez España Paula Jiménez España nació en Buenos Aires en 1969. En poesía publicó, entre otro títulos, La mala vida (2007), Espacios naturales (2009), La vuelta (2013), Paisaje alrededor (2014), Canciones de amor (2015) y la antología personal El corazón de los otros (2015). Yacaré No genera calor su cuerpo por eso busca el caldo del pantano las largas horas del sol litoraleño. Tan incapaz él de darse abrigo que de la fiebre de los otros se alimenta. El frío lo persigue. Y son sus días la sangre que no anida que no sabe qué es sentirse a veces centro de un mundo pulsado por el fuego. En peligro, su alma le enseñó a ocultarse mansamente, ligera a veces o dócil se camufla entre los pastos crecidos y las hojas, otras imita de las rocas su lomo inquebrantable. [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 155 a 160 del número 36 de Hablar de...
El libro perdido de ...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 147 a 154 del número 36 de Hablar de Poesía] por Sandro Barrella Sandro Barrella nació en Buenos Aires en 1967. Publicó en poesía El álbum de Pascal (1996), El Golf (2005), Los pájaros (2010), Los italianos a la guerra (2013) y Viaje sentimental (2017). V La corona de Cristo en el cantero del pasillo a la calle resistió a la tormenta, lo mismo que la carne de las rosas diamante. Los restos que la lluvia de verano dejó como trofeo de guerra abandonado, en el cantero, los claveles blancos. Ajados por el filo del agua caída con violencia del cielo. Los hermanos perdidos en Caseros, en un hueco del tiempo y un recuerdo: la casa de la euforia sigue en pie. En el muro de la casa de enfrente en letras rojas ¿Dónde están los desaparecidos? En la ochava de Urquiza con Serrano, al lado de la Ferretería Ulises sobre el fondo blanco de la cal las letras negras dicen Cristo Vence. [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 147 a 154 del número 36 de Hablar de...
La verdad de la heri...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 141 a 146 del número 36 de Hablar de Poesía] por Elena Anníbali Elena Anníbali nació en Oncativo, Córdoba, en 1978. Publicó Las madres remotas (2007), Tabaco mariposa (2009), La casa de la niebla (2015) y Curva del remanso (2017). 1. soy tan de Dios como una hoja un perro un tramo de alambre pero algo en mí un monito parlante, un monito ansioso y rebelado, no se conforma con abrir la granada y ver chorrear sus jugos quiere, además, la gracia del nombre, la gracia de la garganta sin sus cuerdas sin el buitre especular del silencio sin el humo que ahoga, o la niebla que enturbia el mundo yo vine a exigir ese derecho porque nada gano o pierdo en todo lo perdido porque no me importa, si en este salto, el monito que soy, se cae en la noche y descubre, en la encía, el sabor eterno de la sangre la verdad de la herida [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 141 a 146 del número 36 de Hablar de...
Espero que esto quie...
[FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 133 a 140 del número 36 de Hablar de Poesía] por Mario Montalbetti Mario Montalbetti (Lima, Perú, 1953) es uno de los poetas latinoamericanos más destacados de la actualidad. Publicó, en poesía, entre otros, Perro Negro, 31 poemas (1978), Llantos Elíseos (2002), Cinco segundos de horizonte (2005), El lenguaje es un revólver para dos (2008), Ocho cuartetas para el caballo de paso peruano (2008) y Apolo Cupinisque (2012). Los presentes poemas han sido seleccionados por el poeta argentino Gerardo Jorge. Traducción radical Enseñarle castellano a un perro es la verdadera enseñanza. “Nunca va a aprender”, dicen. ¿Por qué? ¿Acaso el castellano es cuestión de inteligencia? Tal vez sería mejor aprender a ladrar entonces. ¿Por qué no lo podemos hacer? ¿Porque somos demasiado inteligentes? Me gustaría decir “Yo te quiero” ladrando. Un perro es un verdadero otro. Alguien que no comparte mis reglas. Casi ninguna. A veces decimos algo y el perro acude. A veces el perro ladra y lo ignoramos. En comparación, aprender aymara (dialecto moqueguano, digamos) es sencillo. Se puede hacer. Tal vez la pronunciación no sea perfecta, pero nos dejamos entender. ¿Cómo será ladrar con acento humano? Los perros reirían sin parar. “Y éste ¿de dónde salió?” dirán. [FRAGMENTO. Selección completa en las páginas 133 a 140 del número 36 de Hablar de...
Un lobo en la nieve
[FRAGMENTO. Ensayo completo en las páginas 125 a 129 del número 36 de Hablar de Poesía] por Paz Busquet (…) Las metamorfosis de los personajes mitológicos clásicos (en laurel, ciervo, narciso, cerdo, metamorfosis que a Hughes le obsesionaban hasta tal punto que, hacia el final de su vida, versionó Las Metamorfosis de Ovidio en su libro Tales of Ovid), llevan a pensar en la necesidad de hacer carne una experiencia, en encarnar hasta tal punto un sentimiento que este vaya ganando partes del cuerpo del que así siente. Tomar la forma de lo que se siente, desea o teme, radicalizar, encarnar algo de forma irreversible. (…) Caer en picada, acechar lo que se mueve, llevar al lector hasta ahí y ofrecerle una escena de caza que encarne la pregunta por el daño, por la ambigüedad de amar y depredar lo que se ama, es uno de los momentos más vívidos e inolvidables de Gaudete y de la obra de Hughes. Tan contundente como difícil de olvidar. Jennifer, la hija menor de Estridge acostada en su cama, de lado, contempla la curvatura de su codo. Lloró hasta quedarse seca. Pero fuertes suspiros aún siguen tratando de brindarle alivio. Se recuesta y mira las nubes, atraviesan tambaleantes un páramo de nieve. Abetos atrofiados se doblan bajo las corrientes. Una muchacha cruza trabajosamente un lago de nieve hacia el viento. El ojo se acerca más, más. La muchacha voltea, mira hacia atrás. La muchacha es Janet, su hermana muerta y no quiere que la reconozca. No...
«Patroclo en Chiname...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 115 a 124 del número 36 de Hablar de Poesía] por Lucas Brockenshire Al leer la poesía de Óscar de Pablo, específicamente De la materia en forma de sonido (México, 2015; Buenos Aires, 2017), me sucedió algo particular: llegué a sentir que podía percibir, por debajo de la línea escrita, el momento mismo de la escritura de los poemas. Me refiero al momento en que los sintagmas, las palabras y las sílabas del lenguaje cotidiano se aparecieron renovados ante él, sonoros y de pronto vivos. Es el proceso de ebriedad creadora del cual hablan los poetas cuando hablan de las musas, y el proceso es tan violento y enérgico que quedan huellas de él aun después de limpiados y apartados los escombros. Vamos a un ejemplo concreto: ¿qué implica el hecho de que los verbos venir y vengar coinciden en la segunda persona singular del presente imperativo? ¿Qué significa este dato? En la conciencia de De Pablo; ese dato fue crucial. La identidad entre esas dos “venga” abrió una matriz semántica en la que pudieron emerger nuevas relaciones lingüísticas, inexistentes antes del contacto con ese hecho del lenguaje. Sometiendo ese dato a su atención, habrá visto que “venga” rima con, entre otras palabras, “arenga” y “renga”, que a su vez concuerda en número y género con el sustantivo “marcha”. “¿Cuál marcha?”, se habrá preguntado De Pablo. Y resolvió: la marcha de los “muladares:...
Ritmar (Rojas con Ye...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 109 a 113 del número 36 de Hablar de Poesía] por Elisa Molina (…) En Rojas hay, en efecto, un juego verbal con la tradición lírica en un plano poético que de manera indirecta y sugestiva apela a la forma, en particular a nivel fónico de las composiciones, a la “musicalidad” de sus poemas. En tal sentido, combina el estilo métrico de la poesía castellana del barroco, en especial de Quevedo, y de la poesía mística de San Juan, con procedimientos rítmicos provenientes de algunos poetas de la primera vanguardia latinoamericana y europea, lo que da como resultado una peculiar síntesis en su dicción. La relación entre palabra y música constituye uno de los fundamentos de su poética; en múltiples ocasiones Rojas ha abordado el tema, relacionando el ritmo de sus poemas con el de su respiración entrecortada de asmático, lo cual sugiere no solo una sonoridad novedosa y singularmente propia, sino también indisociablemente unida al cuerpo. Es el cuerpo, con sus defectos, con sus rengueras, con sus imperfecciones (entre ellas, la de caducar), pero también con su exuberancia, el que canta. El desafío de Rojas ha sido el de reinventar lo lírico, combinando la disruptiva dicción de una vanguardia en la que se decantan materiales de índole conceptual y epigramático con la clave armónica de la tradición mística. Desde mi punto de vista, su particularidad compositiva consiste en exhibir el parentesco a...
Ella iba de pana azu...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 103 a 107 del número 36 de Hablar de Poesía] por Silvio Mattoni Cuando se piensa en la obra de Juan L. Ortiz, uno tiende a imaginar un paisaje, un río o unos árboles o una hora del día, a los que se enfrenta alguien que mira, que escucha. Y ahí tendríamos pues al poeta interrogando lo que ve, preguntándoles a otros seres –plantas pero también corrientes de agua que se animan o se personifican– qué quieren decir. En esa misma interrogación, aparecen recuerdos, voces ajenas, melodías; el paisaje expresa su historia, en sentido amplio, pero también la memoria del que está escribiendo, los nombres de la infancia o la juventud que poblaron las orillas del río explícitamente designado. En el poema, el yo se estira entonces y trata de no desatender a los otros, los amigos que no están, que forman un “nosotros” o un “vosotros” para nuevas preguntas, aunque también están ahí los otros que no hablan, gatitos, perros, árboles, yuyos, incluso el agua y el viento. El que escribe tiende a desdibujarse en lo escrito, se sutiliza hasta el extremo de quererse decir como río, o como brizna de pasto. (…) El carácter idílico del poema se relaciona, además del entorno, con ese erotismo cortés, anterior a la poética del objeto hallado en la calle. “Ella”, sin embargo, hasta que se transforme en el destino, lo que será fuera del poema, en la memoria de vida del autor, tiene todavía un secreto. Y...
La última primavera ...
[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 93 a 101 del número 36 de Hablar de Poesía] por Alejandro Bekes (…) Horacio es un irónico y oftálmico sujeto urbano, amante de la conversación y del vino selecto, que siente la añoranza del campo, y que cuando está en el campo extraña el ruido de Roma. Virgilio es la fe y Horacio la duda; Virgilio es el amor y Horacio la angustia; Virgilio tiene esa cara campesina y Horacio enarca las cejas; Virgilio me abraza y Horacio me deja a la intemperie. Virgilio es un maestro entrañable y Horacio un amigo genial, de a ratos un cómplice o, más precisamente, un alter ego. Abstracción hecha del talento poético, es más o menos como yo; como todos nosotros, si vamos a ser sinceros: es un cobarde con arrestos de valentía; un descreído con bruscos accesos de misticismo; un extremista partidario del justo medio; un moralista que se confiesa inmoral; un dormilón que admira a los que madrugan; un haragán que hace el elogio del trabajo; un grafómano que se acusa de parquedad; un alma, en fin, “siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y de arrepentimientos”, como la del imborrable Juan de Mairena. (…) Me había topado con unas Odas selectas de Horacio, bien impresas entre unas modestas y desteñidas tapas en rústica; no ofrecían traducción, pero sí un profuso cuerpo de notas que ayudaban a descifrar el difícil latín de la era de Augusto. Así que me puse a traducir la oda III.13, O fons...
Petrarca, el imitado...
[FRAGMENTO. Ensayo completo en las páginas 77 a 89 del número 36 de Hablar de Poesía] por Eleonora González Capria Introducción Es un hecho poco difundido o, al menos, poco discutido que las primeras traducciones en verso del endecasílabo italiano al castellano tomaron la forma de octosílabos. No me refiero a las imitaciones de Boscán y Garcilaso, sino a las traducciones explícitas de la obra de Petrarca que se hicieron en España a partir de 1512. Este hecho, el endecasílabo traducido como octosílabo, nos puede resultar sorprendente, extraño, casi herético. Aunque sigamos realizando operaciones similares a la hora de traducir —por ejemplo con lenguas menos cercanas, como el inglés— estas versiones en octosílabos nos parecen anómalas al punto de que nos encontramos más dispuestos a aceptar una traducción en prosa. Y es que en el siglo XXI el endecasílabo pertenece por pleno derecho a nuestra tradición poética, a la tradición poética de lengua castellana, difícilmente adaptable a un verso de otra medida. Del siglo XVI a esta parte, el endecasílabo se ha convertido en el sostén del andamiaje métrico castellano. Pero las traducciones en octosílabo y nuestro grado de resistencia o asombro ante ellas revelan, precisamente, que la traducción como proceso y como producto tiene carácter histórico y que una de sus funciones es la de ampliar la tradición propia por medio de la ajena. Y nos acercan también a una pregunta sobre la que no se...
El Rilke objetivista
[FRAGMENTO. Ensayo completo en las páginas 67 a 76 del número 36 de Hablar de Poesía] por Alejandro Crotto Decir Rilke era hasta hace algunos años para mí decir las Cartas a un joven poeta, los Sonetos a Orfeo y las Elegías de Duino. O sea: un admirable destino de entrega a la propia vocación, por un lado, y por el otro una poesía inaccesible. Los poemas estaban en alemán, claro, que ignoraba[1] , y las traducciones no me dejaban entrever gran cosa más allá de la abundancia de abstracciones, ángeles y ocultismo. En esa miopía yo estaba básicamente a tono con el ojo de la época. Rilke había interesado a los poetas del cuarenta y al rebrote órfico del grupo Último Reino, pero después, mientras el objetivismo iba ganando más y más sensibilidades, fue quedando en un segundo plano. Así, yo leía admirado la poética zen del haiku centrada en la imagen, los poemas imagistas de Williams, la poesía en favor de las cosas de Ponge, el cruce entre epifanía y cotidianeidad en Giannuzzi. Pero de Rilke, nada. Visto retrospectivamente, resulta asombroso. Porque Rilke había escrito a principios del siglo xx una serie de poemas que constituyen una de las más fascinantes realizaciones objetivistas: sus Dinggedicht, sus “Poema-Cosa”. Uno de los muchos encantos de la poética objetivista es que a partir de unas pocas premisas básicas (tópicos no sublimes, desplazamiento del foco de atención desde la subjetividad propia hacia el mundo objetivo, tono menor)...