Ósip Mandelshtam: “Guardá por siempre mi palabra, por su gusto a desventura y humo”

[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 185 a 200 del número 36 de Hablar de Poesía]

 

Nota preliminar y versiones de Lucas Brockenshire

 

“El final de Tomá –desde mis palmas– para la alegría (escrito en tercetos endecasilábicos sin rima, con clara influencia de Dante) se articula en conformidad con una inversión similar de causa y efecto: Tomá, entonces –para la alegría– mi regalo salvaje: este collar reseco y deslucido de abejas muertas, que convirtieron la miel en sol. ¿Por qué las abejas transforman la miel en sol, y no el sol en miel? Es posible que la inversión de Dante haya resonado en Mandelshtam. Pero por otro lado, si leemos este poema en continuidad con otros, llegamos a la imagen –muy repetida en el joven Mandelshtam– del sol negro. El autor, consciente del cisma mundial aconteciendo en esos años, vuelca el “sol negro” sobre la figura clásica de Fedra, en quien, según Nadiezhda Mandelshtam, el poeta vio rasgos de la Madre Rusia contemporánea”.

 

Tomá –desde mis palmas– para la alegría
un poco de sol y otro poco de miel,
como ordenaron las abejas de Perséfone.
No se puede soltar un bote desprendido,
ni escuchar una sombra calzada con pieles,
ni uno sobreponerse –en esta vida espesa– al miedo.
Solamente nos quedan nuestros besos
hirsutos como abejas jóvenes
que mueren al volar de la colmena.
Susurran en las matas lúcidas de la noche,
su país es el bosque espeso del Taigueto,
su alimento – el tiempo, la melisa, la menta.
Tomá, entonces –para la alegría– mi regalo salvaje:
este collar reseco y deslucido
de abejas muertas, que convirtieron la miel en sol. 

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[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 185 a 200 del número 36 de Hablar de Poesía]