Entrevista a Ted Hug...

noviembre 2017

[FRAGMENTO. Artículo completo en las páginas 49 a 63 del número 36 de Hablar de Poesía] por Drue Heinz   Ted Hughes (Inglaterra, 1930-1998) es uno de los poetas más extraordinarios del siglo veinte. Mientras se desvanecen las polémicas en las que se vio envuelto tras el suicidio de su primera mujer, Sylvia Plath, más y más entidad va ganado su poesía, viva: violenta y al mismo tiempo delicada, como la naturaleza. Compartimos unos fragmentos de la entrevista –inédita en castellano– que Drue Heinz le hiciera a Ted Hughes para la Paris Review en 1995. Y luego el poema “The Offers”, publicado en Howls & Whispers, un libro casi secreto que Hughes publicó para sus amigos en una edición de solo cien ejemplares en 1998, al final de su vida. En ese poema, una suerte de apéndice a las Birthday Letters, Hughes imagina tres breves encuentros con Silvia Plath después de que ella muriera. Entrevistadora ¿Recuerda cuándo empezó a escribir? Hughes Tenía catorce años cuando descubrí los poemas de Kipling. Estaba obsesionado con su ritmo. Su entramado rítmico, mecánico, me cautivó por completo. Empecé entonces a escribir poemas rítmicos, largas sagas con ritmos a lo Kipling. Y se los mostré a mi profesora de Lengua –una joven de poco más de veinte años, interesada en la poesía. Yo tenía entonces catorce años, quince. Y era muy sensible, obviamente, a cualquier forma de aliento referida a mi escritura. Recuerdo que ella...

En busca de Rilke

noviembre 2017

[FRAGMENTO. Ensayo completo en las páginas 11 a 46 del número 36 de Hablar de Poesía] por Robert Hass El otoño pasado, en París, un amigo prometió llevarme al café de la Rue Monsieur-le-Prince, donde Rilke tomaba el desayuno a principios del siglo xx, cuando trabajaba como secretario de Rodin. Yo estaba contento con la peregrinación porque, de todos los poetas, Rilke es el más difícil de imaginar en un lugar concreto. Nació un año después que Robert Frost, en 1875, un poco pronto para ser un joven modernista, y las diferencias entre su obra y la de Frost son tantas que el hecho no me sirve para que pueda formarme una imagen de su vida. La casa donde había vivido en Praga durante su infancia no puede ser visitada: fue destruida durante la guerra. Además, Praga –“esa, Dios me perdone, miserable ciudad de existencias subordinadas”, había escrito– parece tener poco para decir de Rilke. En su infancia era la capital de Bohemia. La familia de Rilke pertenecía a la minoría que hablaba alemán y que formaba, en esos años, la clase profesional de la ciudad. Sintió indignación al ser llamado alemán en una ocasión y, cuando su interlocutor se corrigió a sí mismo, “Disculpe, quise decir austriaco”, Rilke respondió: “Tampoco: en 1866, cuando los austríacos entraron en Praga, mis padres cerraron las ventanas”. Durante toda su vida tuvo presente su propia falta de hogar. Sea como fuere, Rilke llegó a odiar su ciudad natal. Su padre era un...