Cantata profana
Mercedes Roffé [1]
Cantus in memoriam Benjamin Britten
(Arvo Pärt)
¿como un alba?
como un alba serena y rosa y lenta y clara
¿como abrirse?
como una luz que se abre y te abre
¿que «despunta»?
que despunta, sí
como el día
como un viaje
¿y las campanas?
llano azul
y torrejón amarillo y blanco y bronce
y en medio, bajo el arco
el cielo ondeando
¿»repicando»?
repicando, sí
como repican, malva
las horas
como un túnel
como un claustro
Cantata profana
(J. S. Bach)
a Patricia Guzmán
Hay un aljibe que canta
Hay un aljibe que recibe
cantando a sus visitas
Ondas
de agua clara
Ondas
como felices de ser
y de ofrendar
Hay un aljibe que canta
con voces como de lluvia fresca
del cual
los ángeles hacen ronda
y se celebran
Hay un aljibe como una morada
como una
cámara
nupcial
Hay un aljibe del que se acercan
los justos a beber
y al que en las noches oscuras
se acercan
los tristes a hurtadillas
(por eso esperan)
Ondas como ungüento derramado
Trinos
ángeles-pájaros
De filigrana de luna la herrería
¿Qué manos se entreveran?
¿qué dedos
como blancos narcisos
juegan a confundirse?
(Alguien
finge que se oculta)
Ondas del mar de la tierra amada
tierra dejada y deseada
Estrella
Orión
Cruz
de plata señalada
Sur guardado
en el mullido cofre del alma
Hay un sur
Hay un mar
Hay un aljibe que canta
Prospero’s Books
(M. Nyman)
Caminar. Caminar.
Lumbre, lumbre en la altura
metal de luna, corte
en lo afilado del silencio
cabrestantes de plata
ronco
vagar de cetrerías
y como espuelas espinas
(en el alma)
¿Era ya la hora? ¿Era
el campo aquel la era perseguida
deseada?
Alguien canta. Alguien responde
y alguien aún se empina
en lo alto de sus cuerdas
(como si nadie oyera)
Caminar. Caminar.
El rigor de un perfil
y una sombra
cabalgan hacia atrás en la memoria
¿qué los rescatará, qué
los devolverá a la clara
superficie del día?
Algo, sin embargo, vuelve
como una melodía implacable, austera
armónicos descompuestos
en el alado espectro
que fantasea el cristal
Vuelve
la voz
vuelve
contra el bajo continuo
exhausto
de la infancia
-tierra fallida.
Oír. No hay más que oír
prestar oídos como quien
entrega
al viento su voluntad
-o al menos confiable amigo.
Arrebato. Un sino de violencia
o al menos confusión.
No era preciso. No era
necesario. ¿O acaso
el tañer del reloj
se acompasa a la ausencia?
Se repliegan las horas sobre sí como Tulia
sobre su laúd o el templado instrumento
en los pliegues de Tulia, de su saya.
Algo gime, de los dos. Algo
se espanta. Algo se deja
perder
en una ahogada agonía
En el relumbre del alba
una sombra renace, se levanta
¿Dido será
la que reclama? Shamanesa
burlada
arrebujada
por siempre
en el regazo de un haya
Caminar. Caminar.
Atravesar en la noche la foresta.
Un andar extenuado
temeroso
oscuro andar
¡Falsa luna, no mientas!
¡No me engañes!
Nocturno coro de niños cuervos
¡callar!
Cruza el cielo un pájaro de luz
tembladeral de deseo
¿cómo
atrapar su vuelo?
Caminar. Caminar.
Dibujar en la memoria
un horizonte
y partir en su busca.
Una fe o ilusión como un nido
al cual volver
Diafanidad
trigal
¿recuerdas?
por la rubia cabeza.
¿Caminar? ¿caminar?
¿hacia qué?
¿hacia dónde?
Campo, llanura
déjame
descansar
Déjame hacer
noche aquí
en el amoroso hueco
de tu falda
- Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954) ha publicado, entre otros, El tapiz de Ferdinand Oziel (1983), Cámara baja (1987), La noche y las palabras (1996) y Definiciones mayas (2000). Los poemas que aquí se publican pertenecen al libro inédito titulado El pájaro de fuego. >>