Diario del Delta
Alicia Genovese [1]
El pájaro oscuro
En la luz enceguecedora
de la media mañana
un pájaro oscuro
sobre los arbustos
un tordo, quizás, aunque no es
definitivamente negro;
al ladearse parece
tomar un color:
un veteado azulino en las alas;
no es el cuervo de Poe,
no es el mirlo de Stevens,
es lo que llega, impreciso
sin nombre
y el lugar adquiere
movimiento,
se posa y deja
como semillas el alerta
de lo recién tocado;
se acerca a los sauces
y en su plumaje, el verde;
otro filtro de ramas
en el mismo
tafetán cambiante:
tordo, azulejo, mirlo del sur,
se tornasola sin respuestas
como los ojos
que dan felicidad;
es un brujo de tribu
señalando con el vuelo
la vigilia del paisaje
Lo sigo
sin lograr fijarle
identidad;
un pájaro oscuro
que en la química del día
escapa de lo exacto;
conocedor de follajes
y de espejos ilusorios
burla mi percepción;
gira la cabeza, me ha visto,
abre vuelo entre las cañas
y se va, poderoso
inclasificable
Postmacondo
Los lugares en los que se escribe
carecen de hipérbole
y los movimientos que acompañan
escribir, leer, no tienen
brusquedad;
un cierto desorden es
tolerable y hasta puede ser
propiciatorio, pero lo mínimo
debe estar resuelto:
el fuego, la corriente eléctrica
para bombear el agua,
el hielo si fuera posible
para la canícula de enero;
más aun en esta isla
donde el viento sudeste
puede anticipar un caos
Los carpinteros no toman
en cuenta mis urgencias
y demoran la base
y encima ese error
en la medida de los postes
que le resta elevación;
cuando les digo exhiben
sus razones,
ubican marcas históricas
me muestran
con una ingeniería casera
de vasos comunicantes
hasta dónde podría ascender
fantasmal, la «gran creciente»
Que la inestabilidad
en la mucha altura
no tiene solución -predicen
con ejemplos-;
que a este nivel se resuelve
lo necesario sin sobresaltos
-opinan convencidos,
mientras vacilo
entre apurar o rehacer-
Mirado desde dentro
lo exótico es precario
y el aprendizaje de lo imperfecto,
al instalar
un pilote de sostén,
borra
cualquier estereotipado imaginario,
ensordece la maravilla sin historia
La casa en ciernes
sobre esta isla proyecta
un postmacondo,
sin alegoría de destrucción
de gran tormenta final,
sin alegoría positiva
de gran suceso
Construir, para que el deseo
sitie la imposibilidad,
volver al dato
accidentado de la crónica
para absorber
un mal cálculo
y en la distorsión de lo planeado
hacer, seguir
entre el merodeo de grandes mareas
y el fruto dulce de un lugar
en esta orilla
A más de dos metros del suelo
una base
pronta para elevar, en su aire
la casa isleña,
asentada sin levitar
sobre los obstáculos
Un anclaje
con su escenografía a la vista
de vigas y diagonales,
altura y artificio
para que el habla
suspendida se retome,
reinicie palabras, que aventadas,
no se desintegren
que atraigan, en su rústica
alfombra mágica,
la destrucción como un pasaje; el oscuro
rostro humano, a su connubio
- Alicia Genovese nació en Buenos Aires, en 1953. Publicó El cielo posible (1977). El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), la antología bilingüe: La dudad de los puentes/ La ville des poms (2001), y un libro de ensayo: La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (1998). Los poemas que aquí se publican pertenecen a su libro inédito: Química diurna. >>