Editorial
Ricardo H. Herrera / Luis O. Tedesco
Decíamos en el editorial del primer número de Hablar de poesía que enriquecer la discusión con el aporte de voces dueñas de una gravitación que excediera el marco de lo doméstico, nos parecía imprescindible. El propósito, más que a descubrir la pólvora en cada número sucesivo, nos condujo a releer a los clásicos de la modernidad. Ello dio lugar a que en la revista apareciesen nuevas aproximaciones de Inés Aráoz, Ana Arzoumanian, María Eugenia Avellaneda, María Julia De Ruschi Crespo y otros a la poesía de figuras como Ana Ajmátova, Henri Michaux, René Daumal, James Joyce, Malcom Lowry y Mario Luzi. Hoy, al dedicarle la sección Versiones a Jean Cocteau, Gianni Piu y Giorgio Caproni, nuevamente nuestras intenciones se ven sometidas al contraste que supone toda traducción.
En el caso de Jean Cocteau, el traslado del francés al castellano se desarrolló dentro del campo magnético de las afinidades, como si poeta y traductor fuesen variantes de un mismo sueño imposible que, de manera inconsciente, se reinventa generación tras generación. Gianni Piu, en cambio, puso a prueba el concepto de afinidad. Su poesía vino a confirmar que nuestra lengua y el italiano tienen un parecido ilusorio: de hecho, se diría que un castellano apto para traducir a Piu hay que inventarlo aún. Con respecto a Giorgio Caproni, afirma Agamben que «ninguna traducción de [su poesía] logrará dar una idea, ni siquiera aproximada, del original». Su conjetura se respalda en la convicción de que «la poesía italiana del siglo XX es la que se ha mantenido más fiel a la necesidad de un acabado métrico en el discurso poético».
Pese a estas y otras advertencias y reconvenciones, no hemos podido evitar la tentación de ofrecer una traducción argentina de la poesía de Giorgio Caproni, un poeta apenas vertido a nuestra lengua. Paradójicamente, ha sido lo que su lírica tiene de intraducible lo que nos ha decidido a dar el paso. Como es sabido, los precipicios más riesgosos que la traducción debe salvar son casi siempre de índole melódico-sentimental: los barrancos que se abren al borde de la entonación y de la resonancia de las frases simples que apelan a las emociones profundas. Reflejar los ecos familiares que los vocablos cargados de vida despiertan: he allí la dificultad mayor. Dar un equivalente del sabor de la palabra: ese es el obstáculo máximo. Pese a ello, valía la pena escalar la cima Caproni. Contra lo que habitualmente se piensa, la clausura poética no suele ceder ante el ariete de las grandes temáticas; más bien, son las inflexiones casi gestuales de la voz humana las que inauguran comarcas inéditas en el campo de la literatura. En este sentido, la poesía de Caproni es una lección persistente, válida del comienzo al fin: sus temas dependen hasta tal punto de las metamorfosis de la entonación de un delgadísimo hilo de voz, que el acto de traducirlo nunca permite desentenderse de la melodía. En otras palabras, es pensando en los beneficios de una poesía argentina intraducible que nos hemos decidido a correr el riesgo de traducir a un poeta italiano intraducible.